“De musica” [Sobre la música] – Autor: Francisco Javier R. S.

“Recitando entre vosotros salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” [Ef 5: 19].

¿Cómo es la música que sale de nuestros corazones? ¿Cómo puedo hacerla? San Jerónimo nos hablaba de cómo los salmos (queriendo indicar los salmos cantados de los primeros tiempos cristianos) afectan a nuestro órgano ético: nos imbuyen de sentimos y sensaciones y de este modo sabemos que es lo que hay que hacer, y que es lo que hay que evitar; entonces podemos decir claramente que los salmos están relacionados con el cuerpo y los cánticos con la mente. ¿Y qué es un cántico? Este es el que viene directamente del corazón…

Cuando cantamos con la voz en alabanza a Dios siempre tenemos que cantar desde el temor a Dios y desde el conocimiento de las escrituras, dice San Jerónimo, pero el canto que más agrada a Dios, es el de las buenas obras. “Aunque un hombre sea kakophonos, si ha hecho buenas obras, antes Dios será como el más dulce de los cantantes”. Un dulce canto interior que nunca deberíamos dejar que acabara…

Con respecto al canto audible, San Agustín nos habla de cómo Dios es el perfecto oyente. Cuando a alguien que no tiene nociones musicales se le pide que cante delante de algún erudito, es inevitable que el primero tiemble al saber que cualquier error será captado por el segundo; “pues bien, ¿quién se atrevería a presentarse a cantar con arte a Dios, que sabe juzgar perfectamente al cantor, que examina con exactitud todas las cosas y que lo escucha todo bien?” Por eso San Agustín nos advierte de que no debemos cantar en busca del texto como si pudiésemos traducir en sonidos articulados un canto en el que Dios se recree… sino que cantemos en el júbilo. “¿Qué significa cantar en júbilo? Comprender y no saber explicar con palabras lo que se canta con el corazón. […] ¿Y a quién elevar este canto sino a Dios? En efecto, Él es lo que tú no puedes expresar. Y si no lo puedes expresar y tampoco callarlo, ¿qué otra cosa puedes hacer más que ‘jubilar’? ”.

Y es aquí, leyendo a San Agustín, donde podemos ver la eterna nostalgia del cristiano; ni siquiera podemos expresar una palabra infinitamente mejor que “nostalgia” para describir nuestro deseo de unirnos con el Padre para siempre. Una “nostalgia” que sólo se cura en el cielo, una nostalgia que invade hasta el más oculto de nuestros rincones, un anhelo incesante, una alegría infinita de sabernos hijos de Dios, un amor que deseamos que no acabe, un sentimiento que no sabemos cómo decir ni como callar… jubilar…jubilar…

Autor: Francisco Javier R. S.

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