Acuéstate cansado – Autora: Montserrat B. D.

No hay mejor para la satisfacción propia, que acostarse cansado.

Cansado por haber hecho todo lo que quería hacer, por haber cumplido con mi deber.

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Empieza haciendo aquello que más te cueste.

Desgástate por Dios.

Desgasta tu mente, tus manos cumpliendo con el deber.

Y cuando te eches rendido, sentirás en tu interior, algo que ni el dinero puede hacerte sentir. Sentirás esa alegría interior que nace por estar satisfecho, contento de uno mismo.

Aunque te duela la cabeza y tus fuerzas necesiten reposar. Dentro de tu ser vivirás en paz y descansarás bien. Porque quien se acuesta en paz descansa más y mejor que quien no.

La paz interior, se consigue cuando se está en contacto directo con Dios, por vivir en su gracia, y estar en una relación con Él; de hablarle o de saber que cada segundo está allí contigo. Esa seguridad y confianza propias de una fuerte amistad, de la fuerte unión entre el Creador y su criatura.

De la misma forma que antes de nacer, vivimos tranquilos, en paz, dentro de las entrañas de nuestra madre.

¿Te acuerdas de lo bien que se estaba?

Pues lo mismo cuando se está en contacto directo con Dios.

Porque sabes que Dios está allí, a tu lado.

Aunque no estés todo el día hablando con Él, aunque sólo sepas que está contigo, y sencillamente le dices que le amas, que quieres ser santo y le ofreces todo lo que haces. Le escuchas en silencio.

La paz en la conciencia, es lo que da ese estado de alegría interior que es la felicidad.

Puedes estar enfermo, pero si tienes paz, por estar unido a Dios, serás feliz.

Puedes estar sano y ser rico, pero si no tienes paz, no serás feliz.

Paz.

Es la paz la que nos lleva a la felicidad.

Acuéstate, en paz.

Acuéstate cansado.

Que la Virgen María vela por ti.

 

Autora: Montserrat B. D.

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