“El mundo está bien hecho” – Autor: Francisco Javier R. S.

Así escribía Jorge Guillén en una de sus obras. Sin embargo, esta frase le granjeó más críticas que aplausos: si el mundo estaba tan lleno de dolor: ¿cómo iba a estar bien hecho?

Quizás Jorge Guillén no estaba pensando eso, sino imaginando, o al menos intentando imaginar, el proyecto de Dios. Dios, el supremo arquitecto, el perfecto compositor… ¿cómo no iba a estar la machina coeli tan perfectamente construida, tan perfectamente combinada, compactada y proporcionada si es la mano de Dios la que la ha hecho? La órbita de los astros, el continuo suceder de las estaciones… todo orquestado en la mejor de las melodías, que los antiguos (y entre ellos Boecio, que es coautor de esta pequeña reflexión) acertaron en llamar: “música de las esferas” o “musica mundana” (música del cosmos).

¿Y no es el hombre un microcosmos? ¿No está acaso tan perfectamente diseñado en cuerpo, que un conjunto, simple y llanamente, de órganos que aportan cada cual su parte es capaz de formar un todo que en sí mismo es más maravilloso que la suma de las partes? ¿Y no existe una consonancia perfectísima que es capaz de asociar entre sí a las distintas partes del alma (racional e irracional) y transformarlas en un uno, junto con el cuerpo, reflejo de la creación?

El mundo está bien hecho; sólo la ausencia de ideas, valores y espiritualidad es capaz de desviar al hombre de su meta: hacer el bien al prójimo. Hoy en día el hombre lo tiene todo (cree que lo tiene todo…): tiene medios, tiene lo que necesita, no le “falta” nada… pero sí le falta algo… la base que desechó para “continuar un camino”  imposible: Cristo. Lo único que falta, es que el hombre descubra que el mundo sin Él, no funciona…

 

Autor: Francisco Javier R. S.

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