Perdonar es Divino -Autora: Estrella B. D.

En nuestra mente, se recuerda siempre las palabras y actos maliciosos de los demás.
Las miradas fijas llenas de odio y comportamientos bruscos.
Es como si tuviéramos una caja cerrada bajo llave, repleta de ellos.
Es como una honda cicatriz en nuestro corazón.

Todos sabemos que no es bueno tener rencor y menos recordar los malos comportamientos de los demás, pues, puede que estos se hayan arrepentido, que lo hicieran sin pensar, que estén dispuestos a no hacerlo más.

Para muchas personas es incontrolable su carácter y en momentos de fúria son capaces de hacer cualquier cosa, sin pensar en los sentimientos de los demás.

Sí, grave error…

Pero una vez recapacitado el asunto, se dan cuenta del mal que han causado, y piden perdón al ofendido. Este les perdona o no… Pero aun habiendo perdonado, sin poder controlar su mente, recuerdan una y otra vez el instante en el que uno fue ofendido duramente.

Se debe perdonar.

Oirás miles de veces que lo mejor es perdonar.
Escucha, recuerda y pon en práctica este consejo.

Debes saber que un error lo hace cualquiera, pero muchos piensan;
– No tenía por qué actuar de esta manera. No es justo que se comporte así conmigo, sin pensar el mal que me hace. Luego me viene a pedir perdón como si nada. Que risa me da… cuando el quiere, puede decirme cualquier cosa pero yo, debo resistirme y callar.

¿Acaso crees que te sentirás mejor insultándolo o criticándolo?
Ninguna de las dos cosas es buena idea, es más. A Dios, tu Padre, no le gustaría nada y sufriría mucho por ti si llegaras a actuar de esta manera con tus hermanos.

Puede que al principio te sentirías satisfecho de haberlo hecho, pero después, tu dolor se duplicaría, porque no sólo habrías ofendido a tu amigo, sino, también a Dios.

Querido hermano… Todos pasamos por malos momentos. Perdona y serás feliz, tenle rencor y serás desdichado.

Por favor, ayudémonos unos a otros. Hablemos entre nosotros con paz y tranquilidad.

Pensemos antes de actuar.

Todos estamos metidos en la misma partida, no intentes cambiar las normas y comportarte a tu antojo.

Utiliza bien tu dado y no te saltes ninguna casilla. Todos los participantes dependen de unos y de otros. No se puede empezar una partida y luego abandonarla.
Has nacido, estás jugando y cada vez que aprendes algo nuevo, subes de nivel.
¿Estás seguro de detener esta partida para provocar rencor, sufrimiento y malos ratos para todos, incluso para ti?

No hagas trampas, pues todas son anotadas por la mano de Dios y Él siempre está atento, te creó y te proteje con amor.
Hasta te ha enviado a un fiel ayudante para que puedas acabar esta partida y empezar otra interminable en el cielo.

Sí, te ha mandado a tu ángel de la guarda. ¿Qué mejor ayudante?

Recuerda que hay la confesión.
No sólo has de pedirle perdón a tu amigo sino, también has de pedirle perdón a Dios.

Todo lo que haces, se lo estás haciendo a Él.

¿Una mala mirada?, se la estás haciendo a Él. ¿Una mala palabra? …

Compórtate bien e intenta rectificar tu carácter. ¡Espera! no digo que hagas todo mal, ¡no! Seguro y sin duda alguna, tienes muchas grandes cualidades, pero puede que algunas otras hayas de cambiarlas o saber controlarlas. Recuerda que no somos perfectos y estamos en este mundo para aprender y cumplir los mandatos de Dios.

Perdona y serás perdonado.

Dios te ama, ¡Sé feliz por ello!

Autora: Estrella B. D.

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