El Amor, tu Corazón – Autor: José Luís Alonso, oar

«El Amor, tu Corazon»

La clave, el único camino, para entender y saborear que “Dios te ama”: es el Espíritu Santo.
La luz y la fuerza, para valorar y aceptar a Jesús en tu propia vida, es el Espíritu Santo.
Para conocer y profundizar en ese “misterio de amor” que eres tú, es imprescindible el Espíritu Santo.
Por esta razón, el Espíritu Santo ha de ser siempre como el alma y el corazón de tu existencia entera.
Si valoras, de verdad, al Espíritu Santo, el amor guiará siempre tu vida, y comprobarás, de muchas maneras, el poder de Dios, en tu existencia.
Para tener la verdadera sabiduría “conocer a Dios, conocerte a ti mismo”, es preciso, imprescindible, la presencia activa y continua del Espíritu Santo.
“El amor de Dios ha sido derramado en tu corazón, por el Espíritu Santo que se te ha dado”.
Eres, vales, puedes… por el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo te inunda, te envuelve y te guía siempre con su amor.
Te facilita el que puedas saborear el bien.
Te capacita para que hagas siempre el bien y lo hagas bien.
Te llena de amor, agrandando tu capacidad de recibir amor, de dar más amor a los demás.
Su amor te enseña a amar de verdad, a amar cada día más, de amar mejor.
Gracias al Espíritu Santo, tienes el tesoro más grande y más valioso, que no se puede comparar con nada: tu fe, la luz de Dios, la vida divina, la salvación de Jesucristo.
El Espíritu Santo es tu maestro interior.
Nadie como él para enseñarte a bucear en la inmensidad de Dios. Nadie como él para conocer le mundo maravilloso de cualidades, valores y posibilidades que existe dentro de ti.
El motor de tu vida está dentro de ti: es el Espíritu Santo. Te ilumina, te fortalece, te consuela, te acompaña, te santifica, te sana interiormente, te cristifica… descubriéndote los planes de amor que Dios tiene para ti, haciéndote entender que “Dios mismo lo dirige todo para tu bien”.
Para elevarte sobre ti mismo, para contemplar a Dios, para ser poseído por Dios y vivir en intimidad con él, necesitas continuamente del Espíritu Santo.
Todo lo harás con el Espíritu Santo. Nada harás sin el Espíritu Santo.

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