La verdadera sabiduría, conocerte a ti mismo. – Autor: José Luís Alonso, oar

«La Verdadera Sabiduría:
Conocerte a ti mismo»

“Conoce a Dios, conócete a ti mismo”.
Si conoces a Dios, te conoces a ti mismo.
Conociéndote a ti mismo, te sumerges en Dios, profundizas en tu propio misterio, se ensanchan los horizontes de tu existencia, das sentido a tu propia vida.
No puedes olvidar nunca que “eres imagen y semejanza de Dios”. Estás “programado” para conocer a Dios.
Tu mayor desafío es conocerte. Ahí está el secreto de tu vida. Ahí está la clave de tu grandeza y felicidad. Ahora y eternamente.
Sin conocer a Dios, eres un jeroglífico indescifrable.
Sin conocer a Dios, no tienes razón de ser. Ni te puedes entender ni eres capaz de entender nada de ese “misterio profundo e insondable” que eres tú.
Tu clave es Dios.
Por eso, conoce a Dios, para que te puedas conocer a ti mismo. Cuanto más te conozcas, más conoces a Dios. Y cuanto más conoces ese mundo infinito e inabarcable que es Dios, más profundo y verdadero es tu conocimiento de ti mismo.
Por muy grande que sea tu conocimiento de Dios, siempre estarás asomado a ese abismo insondable que es Dios, pero habrás profundizado en el misterio de tu propio conocimiento.
Conócete de verdad,
Cada día más, cada vez mejor,
Conociendo “de corazón” a Dios.
Conoces a Dios, si tienes intimidad con él, si tienes experiencia personal de su amor.
Cuando conocemos “vivencialmente” a Dios, Dios tiene nombre para nosotros, y con él, descubrimos nuestro propio nombre.
Podemos – y debemos – conocer a Dios, porque es él el que primero nos conoce a nosotros, a cada uno en particular.
Para conocerte tú, de verdad, en profundidad, necesitas que él te regale un corazón nuevo.
No te olvides nunca que Dios tiene más empeño en regalarte ese corazón, que tú en pedírselo.
Al conocer, vivencialmente, a Dios, te conoces, profundamente, a ti mismo. Te sumerges en ese misterio, hondo y apasionante, que eres tú.
No te conformes con lo que crees que sabes de Dios, de ti mismo.
Estás llamado a especializarte en el conocimiento de Dios, de ti mismo.
Cuanto más conoces a Dios, más te falta por conocer de Dios. Por mucho que conozcas a Dios, estás todavía muy lejos de conocer a Dios.
Dios, es el primero, el más decidido a que te conozcas. Pídele, con humildad e insistencia, que te muestre su rostro, te descubra el misterio de tu personalidad.
Tu éxito, no te quepa la menor duda, está en orar, en orar sin desfallecer, como “mendigo de Dios”.

Autor: José Luís Alonso, oar

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