El punto medio – Autor: Francisco Javier R. S.

El punto medio

Es curioso ver como en la gran mayoría de situaciones humanas la verdad se encuentra en el punto medio. Si intentamos averiguar cualquier acontecimiento acaecido, por ejemplo, mirando en la prensa; para conocer la verdad exacta siempre deberíamos leer dos periódicos de ideologías opuestas: ya que uno se centrará en determinados detalles que otro pasa desapercibido y viceversa, y por supuesto cada uno dará la visión de la situación “llevándola a su terreno”. El lector entonces, que debe ser crítico y no sumiso (ya que la llamada “opinión pública” no opina; ni piensa siquiera, sólo dice lo que oye, lee o ve) sabrá tomar la mitad de cada cual y las unirá tan perfectamente que podría decirse a sí mismo: “Si yo escribiera el artículo, lo escribiría así”. Y seguramente habrá “adivinado” lo acontecido con mayor veracidad que los periódicos leídos.

En política también se cumple: ser del extremo que sea, de cualquiera, es humanamente inaceptable, ya que luchando sólo en un extremo, la balanza se inclina y no hay justicia. Incluso en las relaciones sociales; por ejemplo, ser demasiado tímido puede ocasionar problemas, pero ser demasiado extrovertido tampoco es ideal.

Como hemos dicho, si pones un lápiz en tu dedo e intentas equilibrarlo en el aire, el punto medio será su apoyo, su fuerza, su estabilidad; y aferrarse a un extremo solo nos precipita la caída (¡y mientras más al extremo, más rápida será la caída!).

Sin embargo, ¿qué sucede en los llamados “sentimientos”? ¿Se puede amar equilibradamente? ¿Se puede ser bondadoso y caritativo en su justa medida, ni más ni menos? ¿Es recomendable que tengamos virtudes, pero que no lleguen a ningún límite? ¿Necesitamos buenos “sentimientos” pero sin pasarse demasiado?

Claramente la respuesta a todas las preguntas es, ¡NO! Los “sentimientos buenos” (uso esta expresión como generalizadora): amor, bondad, caridad, fe… No pueden ser “equilibrados”… No pueden tener una medida justa… Si no se llevan al extremo, ninguno de ellos puede existir… El que no ama extremadamente no ama…

¿Y la verdad? ¿Pero no era ésta siempre equilibrada y razonada plenamente a través de los extremos para llegar al punto medio? Hay que decir que sí, que esa frase es cierta; sin embargo, solo cuando hablamos de la Verdad, que es Cristo, ésta desborda todos los extremos… Y la Verdad lo envuelve todo.

Autor: Francisco Javier R. S.

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