«Eres mucho mejor de lo que imaginas. ¡Valorízate!» – Autor: José Luís Alonso, oar

«Eres mucho mejor de lo que imaginas. ¡Valorízate!»

Eres lo mejor que ha salido de las manos de Dios.
Eres lo más querido de Dios.
Eres su hijo predilecto, un trozo de su corazón.
Has nacido de él.
Dios te valora, hasta un extremo increíble. Ha querido comprarte con la sangre preciosísima de Jesucristo.
Por eso, vales un precio divino. Dios te cotiza muy alto. Te valora al máximo.
Nada existe, en toda la creación, comparable a ti.
Nada existe, en todo el universo, mejor ni más valioso que tú.

Dios ha fijado sus ojos en tu persona. Te ha envuelto con su amor.
Te ha glorificado, engrandecido y divinizado en Jesucristo, haciéndote miembro de su Cuerpo (de su Iglesia) y templo vivo, morada santa de la Santísima Trinidad.
Te ha hecho ser lo más sublime y grandioso: presencia y prolongación de Cristo en el mundo.
Dios confía plenamente en ti y quiere que seas, con él, instrumento – consciente y activo – de su salvación, y, de esta manera, seas su colaborador, entusiasta y eficiente, en la construcción de un mundo más justo, más humano, más solidario.

Recuerda siempre:
Necesitas valorarte a ti mismo, tener conciencia – cada vez más clara – de tu valía humana y divina, para que puedas llegar a ser verdaderamente tú mismo y dar lo mejor de ti a los demás.

Dios ha depositado – en tus propias manos – la más hermosa y trascendental tarea: conocer, en profundidad, tu propia valía, desentrañar toda tu riqueza humana y divina, explotar, al máximo, esa mina – insondable y fabulosa – de cualidades y posibilidades, que eres tú.
Dios quiere que te realices, plena y verdaderamente, como persona.

Tú eres lo primero y más valioso de toda tu vida. Es Dios mismo quien te ha puesto esa prioridad, ese desafío: que te valores – de verdad, en profundidad – para que, así, puedas llegar a batir tu mejor récord, alcanzar tu propia plenitud personal. Estás llamado a ser la personalidad que Dios pensó y quiso. Dios quiere que te valores de verdad, que reconozcas, en su justa medida, tu sublime categoría divina, que estés siempre muy orgulloso de tu valía.
El primer y mejor admirador de ti, de tu valía, es Dios. Por eso, Dios espera de ti una muy grande valoración personal.

Piensa siempre, muy bien, de ti mismo. Tu forma de pensar, de hablar, de comportarte dejará, siempre, muy en alto, tu auto-valorización.
Jamás te comportes como masa, como un cualquiera, como uno del montón.
Eres único, irrepetible, inmensamente mejor de lo que puedas imaginar. Eres rey y señor. Por esta razón, concédete la más alta valoración: como persona, como cristiano, sea cual sea tu edad, sexo o situación social.

Tu mayor generosidad sea para apreciarte, para valorarte. Visualiza tu grandeza y nobleza, tus méritos, tus cualidades, todo lo bueno y positivo que eres y tienes, que desborda toda tu imaginación.

Colorea – con maestría – tu personalidad, cada pliegue de ese mundo maravilloso de cualidades, de riqueza humana y divina, que eres tú. No haces nada especial, si te valoras como Dios te valora. Valorízate siempre; valorízate cada vez más. Si los que están a tu alrededor no saben o no quieren valorarte tal como Dios te ha hecho, ¡déjalos! eso es problema suyo.

Dios cree en ti, en tus valores, en tus posibilidades. Desea, ardientemente, que llegues a ser, verdaderamente, tú mismo; que te valores, más y mejor, que te decidas a promover ese cúmulo de cualidades, a despertar recursos nuevos, tantas energías que hay dentro de ti.
Cuando te esfuerzas por sacarle el máximo partido a tu vida, a tus posibilidades, es cuando sabes agradecer a Dios todo lo que eres, tienes y vales. Cuanto más seas tú mismo, cuanto más perfecto, cuanto más te parezcas a Cristo, más orgulloso está Dios de ti. Dios crece en ti, cuando sabes valorarte y desarrollas tus cualidades. Por eso, no tienes más remedio que responder a la confianza que Dios ha depositado en tu persona.
Te honras cuando te valoras. Te valoras cuando vives con dignidad, empeñado en ser más persona, mejor cristiano.

Valorizándote, es como puedes conseguir tu verdadera estatura. Valorizándote, tal como Dios te valora, es como puedes alcanzar tu plenitud personal. Al valorarte como Dios te valora, descubres nuevas e inéditas facetas en tu personalidad, advirtiendo – con sorpresa y gozo – que crece la valorización de los otros, de tus hermanos, que son parte de tu vida, al igual que tú eres parte de ellos.

Por mucho que te valores a ti mismo, estás muy lejos de abarcar ese mundo maravilloso de Dios que eres tú, que existe dentro de ti. No te conformes con asomarte a esa mina de riqueza humana y divina que eres tú. Profundiza en tu valorización personal. Cuanto más te valores, mayores energías tendrás, más altas cimas de perfección personal lograrás.
Tu propia valorización es decisiva, no sólo para ti, sino para la humanidad. Tu auto-valorización tiene demasiada importancia en tu existencia personal, repercusiones insospechadas en muchas vidas, en los lugares y situaciones más inimaginables, para que no la tomes con la seriedad que se merece. Tal como tú te valores, así será tu vida, así influirás en las personas.

Tu felicidad será, siempre, saberte amado, valorado por Dios. Si Dios tiene un concepto tan elevado de ti, te valora al máximo, justo es que tú, también, te valores siempre como lo mejor y lo más hermoso de tu vida.

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