Adoración Nocturna – Autor: Francisco Javier R. S.

Adoración Nocturna

“¿Ni siquiera una hora habéis podido velar conmigo?” [Mt 26, 40]

Con esta frase de Cristo se inspira la fundación del movimiento católico “Adoración Nocturna”. Aunque no voy a hablar del movimiento, sino de mi propia experiencia.

El carisma del movimiento es una de las claves del cristiano; ¿pero cuáles son las claves del cristiano? Son dos: acción y oración. No podemos negar la importancia de la “acción”: poner en práctica la fe, la esperanza y la caridad en nuestro mundo; pero normalmente solemos descuidar la “oración”. Eso no quiere decir que no oremos, pero muchas veces no oramos todo lo bien que debiéramos o no oramos todo lo que necesitáramos.

En el segundo caso, normalmente, solemos pasar a la acción sin la oración, cuando en la vida del cristiano no debería haber acción meditada (obviamente excluimos las acciones momentáneas e involuntarias) que no hubiese tenido un prólogo de oración… Porque con Dios, ¡todo es posible! Confiamos demasiado en nuestra posibilidades de acción, pero que nunca olvidemos que la oración es nuestra “lengua” para hablar con Dios; no dejemos de convocarle.

¿Y en el primer caso? ¿Este mundo nos permite orar “bien”? Cristo siempre nos enseñaba que para orar lo hiciéramos con la puerta cerrada y en el silencio hablásemos con nuestro Padre… Pero este mundo tan ajetreado, tan pendiente del tiempo, tan absorbente… ¿Nos da ocasión para rezar como debemos?

Es importante parar a pensar en esto. Muchísimas veces el mundo externo nos absorbe, parece que si nos arrodillamos a meditar no podemos “pasarnos más de la cuenta”… Tenemos que hacer gran cantidad de cosas… Prácticamente le decimos a Dios: “Solo diez minutitos Señor mío”… ¡Qué extraño! ¡Pero si es Dios lo que nos llena! ¿Cómo le prestamos entonces tan poca atención a nuestra Felicidad?

Hay muchos modos de orar… a viva voz… cantando… y en silencio. Este último es el que fomenta Adoración Nocturna, por la noche y delante del sagrario. Es curioso que en aquel silencio, al principio uno piensa: “¡Dios mío! ¡Una hora a solas contigo! ¿Seré capaz de llenar este vacío de sonidos con las palabras que broten de mi corazón para Ti?”. Durante algunos instantes, también llegamos a sentir a veces “incomodidad”; nos damos cuenta de que nunca hemos parado nuestra vida una sola hora, hemos seguido al mundo; y el mundo nos crea la sensación de perder el tiempo… Pero de repente nos damos cuenta de que no lo estamos perdiendo… Sino que estamos ganando nuestra alma, estamos hablando con Dios; por fin le dedicamos una hora de nuestra vida SOLO A ÉL… 

Y de repente llaman al final de la hora… y piensas: “¿Ya Dios mío? ¡Todavía no he terminado! ¡No quiero irme de aquí!”. Es tal la alegría de saberse libre y jugando en el regazo de Dios en aquellos minutos… ¡Y es más! ¡No estamos solos de ningún modo! Puesto que la oración frente al sagrario, no es una oración individual… ¡Es en comunidad con TODA la Iglesia! Y es entonces cuando tu alma más flota, pues Dios mismo las lleva a todas.

No olvidemos la meditación… Clave en nuestra vida… Pues Dios lo llena todo, y cuando le abrimos el corazón parece que ya nunca será capaz de bombear más sangre, pues una herida de Amor así… No se puede cerrar…

 

Autor: Francisco Javier R. S.

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