«Ámate a Ti Mismo» – Autor: José Luís Alonso, oar

___________________________________________________________

IMPORTANTE: Libro completo de “Vive, ama, sé tu mismo” del Sacerdote José Luís Alonso, oar en:

http://dejarquediosseadios.blogspot.com/

____________________________________________________________

«Amate a Ti Mismo»

Es tu primera y principal tarea.
Es el corazón y el fundamento de toda tu existencia.
Es tu primer mandamiento. Lo ha grabado Dios mismo, en cada pliegue de tu personalidad.
Amarte a ti mismo es una necesidad tan esencial y apremiante como el aire para respirar.
Necesitas amarte,
– amarte de verdad,
– amarte apasionadamente,
– amarte siempre.
Amarte a ti mismo, es un requisito indispensable para poder ser, de verdad, tú mismo. Si no te amas a ti mismo, imposible que ames a alguien. Si no te amas a ti mismo, que eres lo más cercano ¿cómo vas a amar a los otros, que son lejanos?
Te amas cuando:
– piensas bien de ti mismo,
– hablas con dignidad,
– actúas con responsabilidad.
Te amas a ti mismo, si haces oración, trabajas amas a tu carne (a tu prójimo).
Amarte a ti mismo, significa:
– valorar a Dios como lo primero, lo más valioso y principal de toda tu vida.
– respetar tu propio cuerpo.
– reconocer que todo lo grande, bueno y bello que eres, es mérito de Dios.
Demuestras que te sabes amar a ti mismo, cuando:
– desarrollas todas las facetas de tu personalidad,
– luchas por el bienestar y salvación de tus hermanos (cercanos y lejanos),
– te esfuerzas por comprender y disculpar los defectos y debilidades de tu prójimo,
– elogias, con verdad y generosidad, todo lo bueno de todos.
Te amas bien a ti mismo, si vives bien (apoyado en Dios, “con los pies en el suelo y el corazón en el cielo”).
Al amarte a ti mismo, estás proclamando a todos, la gran verdad de tu vida: que eres fruto del amor de Dios y estás hecho a imagen y semejanza de Dios.
Al amarte a ti mismo, proclamas – a los cuatro vientos – que “Dios es amor”, que tu vida es amor, que te sientes muy amado por Dios y quieres amar a todos, cada vez más, cada día mejor.
Al amarte a ti mismo, estás iniciando la aventura más hermosa: aprender a amar, a parecerte, cada día, más y más, a Dios.
Porque te sientes muy amado por Dios, quieres amarte a ti mismo, para que, rebosante de ese amor, el amor fluya hacia los prójimos, se vaya agrandando y perfeccionando, envolviendo a todos y a todo, y termine en Dios, en quien ha comenzado.
Al amarte a ti mismo, tomas mayor conciencia de que “vives, te mueves y existes en Dios-amor” y necesitas sumergirte, más y más, en ese océano inmenso de amor, que es Dios.
¿Anhelas, apasionadamente, llenarte de amor? Me parece estupendo. Pero, que sea para amar – más y mejor – a todos, en especial, a los más “privilegiados”, a los que nadie ama ni toma en cuenta: a los más pequeños, pobres, enfermos y marginados.
Amarte a ti mismo, es todo lo contrario al egoísmo. Amarse a si mismo, es amarse bien.
El egoísmo es amarse mal.
El egoísta cree amarse, pero se engaña y a si mismo se daña.
El egoísta vive para si, cerrado dentro de sí, sin referencia alguna con Dios ni con el prójimo.
“Ámate a ti mismo”. Gózate de hacerlo programa de tu vida diaria. Vívelo, minuto a minuto. Ámate, con generosidad, con sencillez, con mucha alegría. Manifiesta a todos – con tu forma de ser – que sabes amarte, amando a Dios, sirviendo a todos, dando lo mejor de ti a todos.
Ámate a ti mismo, descubriendo tu riqueza interior, trabajando con entusiasmo, luchando por la construcción de un mundo mejor.
Ámate a ti mismo, leyendo y meditando, asiduamente, la Biblia, haciéndote amigo de los hombres y mujeres que temen a Dios: aficionándote a los santos, que fueron los que, más y mejor, supieron amarse y dejaron huella en el mundo.
Cuida mucho la pureza de tu corazón, empeñado en agradar – siempre y en todo – a Dios.
Selecciona, cuidadosamente, tus programas de tv, tu música, tus lecturas. Vive en contacto con la naturaleza. Observa a las personas, buscando siempre todo lo bueno y positivo, para elogiarlo y hacerlo tuyo.
Solidarízate, cuanto más puedas, con los que sufren, ayudando a cuantos más puedas, reservando – cada día – un tiempo para meditar y saborear las maravillas de Dios, dentro de ti.
Sé delicado, cuida los detalles, valor lo pequeño.
Tu manera de comportarte, ante Dios y ante los hombres, es el mejor y el más elocuente testimonio, de que te amas a ti mismo. Demuestra, entonces, que sabes amarte a ti mismo, que quieres amarte, cada vez mejor. Es el mejor homenaje que le puedes tributar a Dios, el mayor servicio que puedes prestar a la humanidad.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: