Y después de Babel – Autor: Francisco Javier R. S.

La Santa misa está llena de simbología: gestos de Cristo, “restos” de las misas de los primeros cristianos, lecturas comunes con nuestros hermanos mayores en la fe… La liturgia católica es de incomparable hermosura y ¡es más! Como no va a ser bello cuando es Dios mismo quien se hace presente en la rememoración de la Eucaristía… Hablar de todo esto merecía no solo un capítulo aparte, sino quizás cientos de hojas para intentar simplemente dar una idea de lo que Es… Pero, ¿y la lengua en que se habla en misa? Hace bastante tiempo que los hombres dispersaron todas las lenguas por la Tierra… ¿Es necesaria una lengua común en la liturgia? ¿Estrictamente necesaria?

Hoy en día es un tema bastante “de moda”… Todos sabemos la raíz de unidad que posee el cristianismo con el latín. El latín es la lengua oficial de la Iglesia; posee una magia y un encanto que no tiene otra… Pero el latín no es una lengua “santa”… No es “más espiritual”… Debemos recordar que antes del latín, de los siglos II al IV d.C. era el griego la lengua oficial y antes que el griego era el arameo y hebreo… El latín se usaba como medio espectacular de difusión en un mundo enteramente romano; y ¡sí! No podemos obviar el vínculo sacro que tiene el latín y que la Iglesia tan sabiamente sabe conservar; pero el latín no es la lengua que “oye” Dios.

También en nuestros tiempos se suele criticar y atacar a las lenguas “minoritarias” usadas en misa en el contexto de un país que habla otra lengua mayoritariamente. En el caso de España es claro. ¿Pero qué es más importante en la misa? ¿Contestar y entender lo que se dice? ¿O entender la rememoración de la Eucaristía y la presencia de Dios manifiesta en el Pan y el Vino?

En este mundo, siempre se le da importancia a lo más superficial… A lo mundano… Somos personas, hay que reconocer que nos incomoda ir a una misa y “entender de la misa la mitad”… Estamos apegados a un lenguaje que es el que usamos con todos los de nuestro alrededor… Pero, ¿Dios a qué atiende? ¿A la lengua o al corazón? ¡Claro! Se necesita espiritualidad, ¡un corazón abierto!, no una lengua instruida… 

Quien se ofende al oír una misa en un idioma distinto al suyo, está olvidando lo más importante de la misa… ¡Dios! Toda misa nos hace presente a Dios… ¡Estamos reunidos en nombre de Dios y Él acude! ¡¿Pero qué más queremos?!

Lo que tiene que entender es el corazón… Se dice tradicionalmente, “ir a escuchar misa”… Abramos los oídos del corazón… La misa no es para el “oreja”… Allí no hay “personas”, sino almas… Y si olvidamos todo lo demás y nos centramos en el Todo, de verdad os digo que las almas no necesitan nada más…

Autor: Francisco Javier R. S.

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