El Regreso del Hijo Pródigo – Autor: Víctor B.

Muchas veces hemos escuchado esta Parábola, quizá una de las mas significativas de las recogidas por la Biblia. En ella cuenta Cristo que un joven abandonó a su padre pidiéndole su parte de la heredad y se marchó a vivir a otro país. Allí malgastó todo el dinero de su padre y acabó comiendo lo mismo que las piaras de cerdos.
Llega hasta tal punto su declive que se da cuenta del error cometido y decide volver a casa, aunque dice que no es digno de ser ya hijo de su padre por haber malgastado la herencia y haberlo abandonado, por eso cuando vuelve lo primero que dice es “no soy digno de ser tu hijo, tratame como a uno de tus jornaleros, trabajaré como tal”.

La Parábola termina con una fiesta en honor del hijo que ha regresado y con su hermano celoso por que el padre nunca había montado ninguna fiesta por él (que siempre había vivido con su padre y trabajado para él) mientras que para el hermano que los había abandonado matan un cerdo cebado y montan un festín.
Entonces el padre le dirá “tu hijo estaba muerto y le hemos recuperado”.

Se suele decir que hay mas alegría en el Cielo por un pecador arrepentido que acaba siendo santo que por alguien que ha vivido toda su vida en santidad. Puede parecer algo exagerado, pero es algo que si lo pensamos tiene lógica. Dios, como Creador que es nos ama con todo su ser, nos ha hecho para Él y por eso le duele que le rechacemos apartándonos de su presencia.

Algo parecido le pasa al padre de la Parábola. Aunque amaba muchisimo a su hijo no podía retenerle contra su voluntad, si el chico quería irse, llevándose la herencia, tenía que dejarle marchar aún con todo el dolor de su corazón. Así es Dios, aunque nos ama no puede impedir que haya personas que le rechazan, por que nos ha dado la libertad de elegir entre el bien y el mal. Por eso, no es que Dios consienta el mal (como dicen algunos de forma falaz) si no que por el gran amor que nos tiene como Creador y Padre no quiere retenernos contra nuestra voluntad, Él quiere que le amemos y sirvamos de forma libre.

Creo que todos somos un reflejo del Hijo Pródigo por ello, ya que en algún momento de nuestra vida nos hemos apartado de alguien, sea Dios o nuestros padres o alguien que estaba ahí para educarnos y llevarnos hacía el bien, creando de esa forma un dolor profundo en su corazón.

Muchas veces nos dejamos llevar por el egoísmo mas profundo, la soberbia o cualquier otra baja pasión, rebelandonos como hizo el hijo pródigo contra aquellas personas que quieren el bien de nosotros. El problema de esto es el no darse cuenta nunca, pues si te das cuenta pasado un tiempo (como hizo el hijo pródigo) puedes obtener el perdón. Sin embargo, hay personas que habiendose rebelado se vuelven cada vez mas hostiles contra “El Padre” (para llamarlo de una manera genérica, como dije antes puede ser Dios, padres o cualquier otra personas) y se va formando una bola de nieve cada vez mas grande haciendo insalvables las diferencias.

Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que hemos yerrado y pedimos perdón además de estar negandonos a nosotros mismos (es decir, venciendo nuestra soberbia, ego, afectos desordenados…) ayudamos a la otra persona a recomponer las heridas que hemos dejado en su corazón. Creo que el perdón es uno de los actos humanos mas bellos, tanto por parte de quien pide perdón como de quien perdona.

Hoy he creído conveniente hacer esta pequeña reflexión acerca de aquella Parábola contada por Jesucristo hace muchos años en Palestina y sobre lo importante que es reconocer nuestros errores y pedir perdón e intentar curar las heridas. Me gustaría invitar a la reflexión sobre aquellos momentos que en nuestra vida hemos dañado a alguien, desobedeciendole, rebelándonos contra él o de cualquier otra manera y hemos dejado una herida en su alma para que podamos reconciliarnos con esa persona.

Ya lo dijo Cristo en su momento “no vayas al templo si antes no te has reconciliado con tu hermano, deja el cordero junto al altar, reconciliate con tu hermano y después vuelve al templo”.

Sobre lo que comenté de que hay mas alegría en el Cielo por un pecador arrepentido, eso tiene un significado profundo muy importante, aunque en nuestro tiempo quizá no se entiende muy bien. Una persona puede haber vivido en santidad toda su vida y convertirse en un santo, eso evidentemente a Dios le agrada y le hace feliz (aunque a Dios en sí no le hace falta nada para ser feliz por qué es la felicidad suprema, pero ese es otro tema). Pero cuando una persona a la que Él ama (como Creador y como Padre nos ama a todos) le rechaza y peca, haciéndolo además de modo grave, eso le desagrada. Entonces intenta por todos los medios que esa persona se convierta para que pueda ser santa (ahí entra en juego el tema de la conciencia, sobre todo en lo concerniente al malestar que queda en el alma cuando se ha pecado). Si esa persona antes pecadora se ha dado cuenta del amor de Dios y transforma toda su vida es algo que a Dios le produce una enorme alegría.

Es cierto que el hecho de que una persona se convierta no quiere decir que ya no vaya a pecar mas. Como seres humanos que somos, tenemos defectos, no somos seres perfectos y por ello somos proclives a caer en el pecado. Por ese motivo existe el Sacramento de la Reconciliación en la Iglesia Católica, para que el que ha pecado y se arrepiente pueda obtener la Gracia y el Perdón de Dios. Ese es, por tanto, el sentido de la frase “hay mas alegría en el Cielo por un pecador”.Esa alegría que tiene el padre de la Parábola con el hijo que regresa es la misma que tiene Dios con aquel que regresa a su seno, al cuál abre las puertas del Cielo.

Autor:  Víctor B.

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