El Celibato – Autor: Francisco Javier R. S.


Cada día saltan a la palestra informativa voces clamando la revocación del celibato, como si fuera una imposición que hubiese hecho la Iglesia en tal siglo o en tal otro y que impide la libertad en la naturaleza humana que no es otra que la procreación…

Pero, ¿se trata de una imposición? Recordemos las palabras de Cristo:

Los discípulos le dijeron: <<Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse>>. Pero él les dijo: <<No todos comprenden esta doctrina, sino aquellos a quienes les es concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, los hay que fueron hechos por los hombres y los hay que a sí mismo se hicieron tales por el reino de Dios. ¡El que sea capaz de hacer esto que lo haga!>>.

¡Sí!… No todo el mundo puede hacerlo… Sólo la vocación sacerdotal pura que se hace por Amor a Dios y que cuenta con el Espíritu para no caer… ¡Pero no es una imposición! Es una elección: “¡El que sea capaz de hacer esto que lo haga!”. Nadie es obligado si no es capaz, por eso el que haya confundido su vocación y se haya hecho sacerdote, no tiene por qué continuar ahí si esa no es su vocación y que se case santamente y cumpla su vocación de dar hijos de carne a Dios. Dios entiende la debilidad de sus hijos, y ¡más si no tienen la vocación de dar hijos espirituales! Por eso Dios siempre nos perdona todos los errores que hayamos podido tener, incluso que nos hayamos equivocado en nuestro discernimiento vocacional no condiciona que no podamos arrepentirnos y retomar el camino de nuestra vocación, puesto que si tenemos otra vocación y la ocultamos en otra, estamos siendo infieles a lo que Dios nos ha dado (y ser infiel a Dios, es mucho peor que humildemente pedirle perdón por nuestros errores…)

 

Hay algunos que se equivocan mucho pues dicen: “Nadie puede evitar las relaciones sexuales, somos como los animales: es imposible”. Pero no piensan en que hay algo más grande que el amor carnal y humano… ¡El Amor de Dios!… Decir esto qué dicen es como decir que el hombre y la mujer no pueden ser capaces de ser fieles a sus parejas, puesto que los animales no lo son… ¿No lo son? Existe el “pato mandarín” que es fiel a su pareja para toda la vida, aunque hayan emigrado a cientos de kilómetros de distancia cada uno, cuando vuelven a encontrarse, ¡no se olvidan!… ¡Qué bonito ejemplo nos ha puesto Dios en la naturaleza! ¿Y no es el hombre más grande, en todos los sentidos, que un pato? ¿Acaso no puede hacer lo mismo?

Pienso que el problema está en una confusión… Piensan que “evitar las relaciones sexuales”, no es solo evitar el acto, sino también la tentación… ¡Y esto es imposible! ¡Claro! Por eso dicen que es imposible “evitar las relaciones sexuales”, porque constantemente podemos ser tentados hacia esto si vemos a alguien que nos atrae… Pero de lo dicho a lo hecho hay un trecho… e igual que me atrae una persona que veo por la calle, no significa que tenga que terminar manteniendo una relación íntima con ella, ¿o sí? Porque yo soy más que cuerpo…

Pues lo mismo le sucede a un puro sacerdote ayudado por el Espíritu… aquel que no se hizo sacerdote por Amor, cae… Pero el que se hizo por Amor a Dios y está guiado por Dios… ¡Resistirá toda tentación! Porque si confía en Él, nada le faltará…

 

¡No! El celibato no es una imposición, es simplemente lo que permite, gozando del Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; poder estar disponible para todos los hijos de Dios, ¡para todos!, y no sólo o especialmente para los hijos que sean de tu carne…

 

Autor: Francisco Javier R. S.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: