La clave de la Confesión – Autor: Francisco Javier R. S.

¿Por qué esperar hasta el final del escrito para revelar el misterio? La clave de la Confesión es el arrepentimiento. Sin arrepentimiento, por muy buenas intenciones que se tenga al confesar, esa confesión no tiene validez para el alma.

Pensemos en Cristo:

“No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud.” [Mt 5, 17].

El pueblo judío de los tiempos de Jesús, era un pueblo que aplicaba la ley estrictamente, ni una sola coma debía dejar de cumplirse duramente, aunque fuese en perjuicio y detrimento de la Caridad. Pero: ¿qué olvidaron? Olvidaron que Dios es Amor, Bondad, Misericordia… Cristo no vino a abolir la ley, sino a darle su pleno significado: la ley no es materialismo ni dogmatismos estrictos ni sacrificios, la ley es espíritu, parte del corazón y es misericordia.

El que acude a confesar sin arrepentirse de sus pecados, es porque sabe que ha pecado, pero no siente en su corazón el arrepentimiento, simplemente hace como hacían los fariseos: leían que mandamiento habían incumplido y pedían “perdón” a Dios. Pero si se acude a confesar, al sacratísimo sacramento de la confesión, sin arrepentimiento; el perdón de los pecados no aprovecha, puesto que aunque se perdonan los pecados, queda un poso maligno en el alma, un poso que está intrínsecamente ligado al pecado y al corazón… Y esa alma, volverá a caer… Y quizás más fuerte…

El que acude a confesar con pleno arrepentimiento recibe inmediatamente, no solo el perdón de los pecados, sino un poso benigno (que desaparecerá plenamente con las indulgencias) y que no será otra cosa que ayuda y fuerza para el hombre en su lucha por la santidad; puesto que el corazón está limpio.

No se puede olvidar un último aspecto y es la importancia del sabernos ¡amados por Dios! Dios se complace enormemente de los hijos que acuden a confesarse arrepentidos de sus pecados hayan sido lo graves que sean; pero muchas veces el hombre, volviendo a lo anterior, aplicando tan estrictamente la ley, se crea a sí mismo una apariencia de horror por el pecado cometido… ¡Olvidando que Dios es absoluta Comprensión!… Todo pecado de debilidad humana es comprendido por Dios si en el alma herida hay voluntad de cambio y deseo de mejorar… ¡Dios nos ama tanto! ¡Dios nos perdona tanto! Por eso en esos momentos cuando acudimos a confesarnos aterrorizados por nuestros pecados… El corazón nos arde… Porque sentimos como  Dios nos dice que ya nos había comprendido… y como nos ama a pesar de nuestras debilidades… Y sobre todo… como le agrada que su hijo acuda a su regazo ante cualquier miedo aunque ya se sintiese complacido al vernos enmendar nuestro error…

Autor: Francisco Javier R. S.

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