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Corpus Christi – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on junio 15, 2009 by condiosdelante

¿Está verdaderamente Cristo presente en la Sagrada Hostia (transustanciación)? ¿Lo está sólo en parte, mitad pan y mitad Cristo (consustanciación)? ¿O es simplemente un mero acto simbólico como recuerdo suyo?

Para analizarlo, no tenemos más que usar uno de los preceptos de Martín Lutero que tanto bien y tanto servicio hace a la Iglesia Católica: “Sola Scriptura”.

En castellano:

“Y les dijo: -Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer […] Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en conmmemoriación mía”. [Lc 22, 15-20]

En latín (para no perder de vista el original):

15 Et ait illis:  Desiderio desideravi hoc Pascha manducare vobiscum, antequam patiar.
19 Et accepto pane, gratias egit et fregit et dedit eis dicens: “ Hoc est corpus meum, quod pro vobis datur. Hoc facite in meam commemorationem ”.

De este modo podemos rechazar inmediatamente la opción intermedia, la “consustanciación”, porque siguiendo las palabras de Cristo, y aplicando el precepto mismo que usó Lutero podemos leer: “Esto es mi cuerpo”; y en absoluto: “Esto es pan y además mi cuerpo”.

Pero vemos que Cristo dice: “Haced esto en conmemoriación mía”; entonces, ¿debemos concluir que la Eucaristía es un mero acto simbólico? No si aplicamos correctamente el “Sola Scriptura”… Cristo dice: “Haced esto”… ¿El qué? Pues lo mismo que acaba de hacer él, consagrar el pan y transformarlo en su cuerpo y añade: “en conmemoriación mía”… ¡Pero ahí encontramos la diferencia! Cristo no dijo: “Haced esto como conmemoración mía (como acto simbólico); sino: “Haced esto en conmemoración mía (como celebración)”.

Y es que para los católicos la Eucaristía es un recuerdo vivo de Cristo… ¡Porque es su Cuerpo!… No se trata de una simple presencia espiritual… ¡Es pura celebración! ¡Pura fiesta! ¡Cristo con y en nosotros! Y lo que es más… Tanto nos amó, que Él mismo quiso que esto fuera así siempre y para siempre: “Tomad y comed todos de Él”, ¡¡¡“Haced esto” !!!

Dios conoce perfectamente nuestras debilidades, sabe lo agarrados que estamos al mundo de los sentidos: necesitamos ver, tocar, sentir… Dios desde siempre ha encontrado morada en nuestros corazones; pero lo más maravilloso de todo, es que se nos ha regalado para que siempre, siempre y siempre que necesitemos podamos verlo, tocarlo… y sentir como el Amor siempre vuelve a nosotros… siempre va a nosotros… siempre se da a nosotros… siempre está en nosotros…

La clave de la Confesión – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on junio 15, 2009 by condiosdelante

¿Por qué esperar hasta el final del escrito para revelar el misterio? La clave de la Confesión es el arrepentimiento. Sin arrepentimiento, por muy buenas intenciones que se tenga al confesar, esa confesión no tiene validez para el alma.

Pensemos en Cristo:

“No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud.” [Mt 5, 17].

El pueblo judío de los tiempos de Jesús, era un pueblo que aplicaba la ley estrictamente, ni una sola coma debía dejar de cumplirse duramente, aunque fuese en perjuicio y detrimento de la Caridad. Pero: ¿qué olvidaron? Olvidaron que Dios es Amor, Bondad, Misericordia… Cristo no vino a abolir la ley, sino a darle su pleno significado: la ley no es materialismo ni dogmatismos estrictos ni sacrificios, la ley es espíritu, parte del corazón y es misericordia.

El que acude a confesar sin arrepentirse de sus pecados, es porque sabe que ha pecado, pero no siente en su corazón el arrepentimiento, simplemente hace como hacían los fariseos: leían que mandamiento habían incumplido y pedían “perdón” a Dios. Pero si se acude a confesar, al sacratísimo sacramento de la confesión, sin arrepentimiento; el perdón de los pecados no aprovecha, puesto que aunque se perdonan los pecados, queda un poso maligno en el alma, un poso que está intrínsecamente ligado al pecado y al corazón… Y esa alma, volverá a caer… Y quizás más fuerte…

El que acude a confesar con pleno arrepentimiento recibe inmediatamente, no solo el perdón de los pecados, sino un poso benigno (que desaparecerá plenamente con las indulgencias) y que no será otra cosa que ayuda y fuerza para el hombre en su lucha por la santidad; puesto que el corazón está limpio.

No se puede olvidar un último aspecto y es la importancia del sabernos ¡amados por Dios! Dios se complace enormemente de los hijos que acuden a confesarse arrepentidos de sus pecados hayan sido lo graves que sean; pero muchas veces el hombre, volviendo a lo anterior, aplicando tan estrictamente la ley, se crea a sí mismo una apariencia de horror por el pecado cometido… ¡Olvidando que Dios es absoluta Comprensión!… Todo pecado de debilidad humana es comprendido por Dios si en el alma herida hay voluntad de cambio y deseo de mejorar… ¡Dios nos ama tanto! ¡Dios nos perdona tanto! Por eso en esos momentos cuando acudimos a confesarnos aterrorizados por nuestros pecados… El corazón nos arde… Porque sentimos como  Dios nos dice que ya nos había comprendido… y como nos ama a pesar de nuestras debilidades… Y sobre todo… como le agrada que su hijo acuda a su regazo ante cualquier miedo aunque ya se sintiese complacido al vernos enmendar nuestro error…

Autor: Francisco Javier R. S.

El Celibato – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on junio 1, 2009 by condiosdelante


Cada día saltan a la palestra informativa voces clamando la revocación del celibato, como si fuera una imposición que hubiese hecho la Iglesia en tal siglo o en tal otro y que impide la libertad en la naturaleza humana que no es otra que la procreación…

Pero, ¿se trata de una imposición? Recordemos las palabras de Cristo:

Los discípulos le dijeron: <<Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse>>. Pero él les dijo: <<No todos comprenden esta doctrina, sino aquellos a quienes les es concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, los hay que fueron hechos por los hombres y los hay que a sí mismo se hicieron tales por el reino de Dios. ¡El que sea capaz de hacer esto que lo haga!>>.

¡Sí!… No todo el mundo puede hacerlo… Sólo la vocación sacerdotal pura que se hace por Amor a Dios y que cuenta con el Espíritu para no caer… ¡Pero no es una imposición! Es una elección: “¡El que sea capaz de hacer esto que lo haga!”. Nadie es obligado si no es capaz, por eso el que haya confundido su vocación y se haya hecho sacerdote, no tiene por qué continuar ahí si esa no es su vocación y que se case santamente y cumpla su vocación de dar hijos de carne a Dios. Dios entiende la debilidad de sus hijos, y ¡más si no tienen la vocación de dar hijos espirituales! Por eso Dios siempre nos perdona todos los errores que hayamos podido tener, incluso que nos hayamos equivocado en nuestro discernimiento vocacional no condiciona que no podamos arrepentirnos y retomar el camino de nuestra vocación, puesto que si tenemos otra vocación y la ocultamos en otra, estamos siendo infieles a lo que Dios nos ha dado (y ser infiel a Dios, es mucho peor que humildemente pedirle perdón por nuestros errores…)

 

Hay algunos que se equivocan mucho pues dicen: “Nadie puede evitar las relaciones sexuales, somos como los animales: es imposible”. Pero no piensan en que hay algo más grande que el amor carnal y humano… ¡El Amor de Dios!… Decir esto qué dicen es como decir que el hombre y la mujer no pueden ser capaces de ser fieles a sus parejas, puesto que los animales no lo son… ¿No lo son? Existe el “pato mandarín” que es fiel a su pareja para toda la vida, aunque hayan emigrado a cientos de kilómetros de distancia cada uno, cuando vuelven a encontrarse, ¡no se olvidan!… ¡Qué bonito ejemplo nos ha puesto Dios en la naturaleza! ¿Y no es el hombre más grande, en todos los sentidos, que un pato? ¿Acaso no puede hacer lo mismo?

Pienso que el problema está en una confusión… Piensan que “evitar las relaciones sexuales”, no es solo evitar el acto, sino también la tentación… ¡Y esto es imposible! ¡Claro! Por eso dicen que es imposible “evitar las relaciones sexuales”, porque constantemente podemos ser tentados hacia esto si vemos a alguien que nos atrae… Pero de lo dicho a lo hecho hay un trecho… e igual que me atrae una persona que veo por la calle, no significa que tenga que terminar manteniendo una relación íntima con ella, ¿o sí? Porque yo soy más que cuerpo…

Pues lo mismo le sucede a un puro sacerdote ayudado por el Espíritu… aquel que no se hizo sacerdote por Amor, cae… Pero el que se hizo por Amor a Dios y está guiado por Dios… ¡Resistirá toda tentación! Porque si confía en Él, nada le faltará…

 

¡No! El celibato no es una imposición, es simplemente lo que permite, gozando del Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; poder estar disponible para todos los hijos de Dios, ¡para todos!, y no sólo o especialmente para los hijos que sean de tu carne…

 

Autor: Francisco Javier R. S.

La Providencia – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on mayo 16, 2009 by condiosdelante

“No os angustiéis buscando qué comer o qué beber. Por todas esas cosas se afanan los paganos. Vuestro Padre ya sabe que las necesitáis. Buscad su reino, y todo eso se os dará por añadidura” [Lc 12, 29-31].

Confianza en la Providencia… 

El hombre de hoy en día se ha vuelto esclavo del reloj y de la agenda. Dedica su vida a cumplir una serie de objetivos “mundanos”, pero no realiza ninguna búsqueda espiritual. Está atrapado en un quehacer continuo sin ningún tipo de respiro… Coches, edificios, trabajo, trabajo, trabajo… ¿Para conseguir qué? Bienestar. Pero todo se acaba en nada tarde o temprano. Sólo aporta eso, bienestar… pues en cuanto el hombre deja de ser libre, ya jamás será feliz.

El hombre atrapado en la civilización sale al campo… ¿Y qué descubre? Ve a los árboles creciendo y sin organización ni control haciéndose más grandes, esbeltos y bellos… Ve a las avecillas gráciles saltando de rama en rama y cantando sin preocuparse de la hora… Ve a un ratoncillo cuya única preocupación es corretear entre las raíces… ¿Y qué siente? Siente deseos de perderse en esa Naturaleza… Siente deseos de quedarse allí… De abandonar el mundo y dejarse arropar por la Creación de Dios y no la creación del hombre… Por una vez mira al cielo y contempla verdaderamente su color y no sólo con la intención de saber si va a llover o no… ¡Sería feliz así! Pero parece que el mundo no le deja… El mundo llama y llama a todos los que intentan separarse de él. Clama con el estruendo de bocinas y se hace visible con la señal de humo de las chimeneas de las fábricas.

Mas el hombre tiene que oír la voz de Dios. El hombre tiene que confiar en Dios… Recordar que Dios le hizo libre ¡para que fuera libre! Dios quiere que seamos libres de verdad y no que escojamos la esclavitud… El hombre jamás debe olvidar que su libertad se basa en perderse en la quietud y allí buscar a Dios. De nada sirve angustiarse, pues de este modo el corazón se enturbia y cambiamos la voz de Dios por una falsa voz que solo nos clama más esfuerzo, más angustia, más estrés… para acumular en este mundo lo que no va a durar más que un cierto tiempo…

Durante la Ilustración, filósofos como Rousseau defendían la vuelta del hombre a su ser natural, puesto que la civilización corrompía al hombre. Era tal esa corrupción, que defendían que el hombre libre íntimamente unido a Dios, no hablaba… ¡Cantaba!

¿No cantan los pájaros con la misma alegría y despreocupación? ¿No baila la hierba cuando el viento la recorre? Pues más aún el hombre cantará y bailará cuando se entregue por completo a Dios… Y si es capaz de hacerse feliz en este mundo solo siendo capaz de ponerse en las manos de Dios… ¿Cuánto más lo será en el otro? Pues entregándose a la Providencia y despreocupándose del mundo, como Él mismo dice: “Haceos bolsas que no se gasten y riquezas inagotables inagotables en el cielo, donde no entra ningún ladrón, ni roe la polilla.”

Autor: Francisco Javier R. S.

La Mujer Buena – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on abril 27, 2009 by condiosdelante

¿Qué nos inspira la bondad humana? ¿No es cierto que hombres y mujeres aunque concebidos a imagen y semejanza de Dios, poseemos personalidades radicalmente distintas? ¿Podríamos decir entonces que un hombre bueno no nos inspira lo mismo que una mujer buena? Tratémoslos por separado.

Un hombre bueno nos inspira profundos sentimientos de alabanza y admiración, nos invita a admirar su bondad. Cuando vemos a un hombre bueno, nos invade la extrema necesidad de imitar su bondad, y no es envidia la sensación que nos imprime de desear mejorar, no queremos ser como él, sino que con la ayuda de Dios deseamos ser buenos como él lo es. Laudamos su sabiduría, porque al hombre bueno, aunque tiene el corazón puro; se le relaciona más con la razón: es bueno porque es sabio. El sabio no sólo es bueno, sino humilde de corazón, recto en la fe, compañero en la esperanza, discípulo de Amor… ¡Bondad!…

¿Y qué hay de una mujer buena?

Una mujer buena desde el momento que la vemos nos inspira la alegría y la inocencia. Cuando vemos a una mujer buena, no tenemos más deseo que el de limpiar nuestro corazón para corresponder con la pureza. Una mujer buena, no nos hace desear ser mejores, ¡nos inspira ser mejores! Su continuo y profundo afán de superación con respecto a lo que ella es y todo su continuo esfuerzo evolutivo por cambiar siempre a mejor, es lo que nos anima a ser y llegar hacia la Bondad. Laudamos su corazón, por el corazón de la mujer buena, es puro como el del hombre bueno; pero el de la mujer está lleno de dulzura y sabiduría en el sentir. No es sólo buena, sino humilde en extremo, cimiento en la fe, administradora de esperanza, discípula de Amor… ¡Bondad!…

¿Y si esto es una mujer buena, qué será La Mujer Buena?

 

Dios en su infinita sabiduría nos dio a María como Madre, la mujer buena y perfecta, que posee todos los dones y está llena de gracia y plena de Espíritu de Dios. Cuando vemos a María, sencillamente se nos derrite el corazón y se nos deshace el alma. María nos inspira la niñez, María nos lleva de la mano hasta Cristo. Laudamos su Corazón que desborda gracias sobre sus Hijos. No sólo es buena, sino Esclava del Señor, Maestra en la fe, Modelo de esperanza, Reina de Amor… ¡Pura Bondad!…

Autor: Francisco Javier R. S.

Y después de Babel – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on abril 22, 2009 by condiosdelante

La Santa misa está llena de simbología: gestos de Cristo, “restos” de las misas de los primeros cristianos, lecturas comunes con nuestros hermanos mayores en la fe… La liturgia católica es de incomparable hermosura y ¡es más! Como no va a ser bello cuando es Dios mismo quien se hace presente en la rememoración de la Eucaristía… Hablar de todo esto merecía no solo un capítulo aparte, sino quizás cientos de hojas para intentar simplemente dar una idea de lo que Es… Pero, ¿y la lengua en que se habla en misa? Hace bastante tiempo que los hombres dispersaron todas las lenguas por la Tierra… ¿Es necesaria una lengua común en la liturgia? ¿Estrictamente necesaria?

Hoy en día es un tema bastante “de moda”… Todos sabemos la raíz de unidad que posee el cristianismo con el latín. El latín es la lengua oficial de la Iglesia; posee una magia y un encanto que no tiene otra… Pero el latín no es una lengua “santa”… No es “más espiritual”… Debemos recordar que antes del latín, de los siglos II al IV d.C. era el griego la lengua oficial y antes que el griego era el arameo y hebreo… El latín se usaba como medio espectacular de difusión en un mundo enteramente romano; y ¡sí! No podemos obviar el vínculo sacro que tiene el latín y que la Iglesia tan sabiamente sabe conservar; pero el latín no es la lengua que “oye” Dios.

También en nuestros tiempos se suele criticar y atacar a las lenguas “minoritarias” usadas en misa en el contexto de un país que habla otra lengua mayoritariamente. En el caso de España es claro. ¿Pero qué es más importante en la misa? ¿Contestar y entender lo que se dice? ¿O entender la rememoración de la Eucaristía y la presencia de Dios manifiesta en el Pan y el Vino?

En este mundo, siempre se le da importancia a lo más superficial… A lo mundano… Somos personas, hay que reconocer que nos incomoda ir a una misa y “entender de la misa la mitad”… Estamos apegados a un lenguaje que es el que usamos con todos los de nuestro alrededor… Pero, ¿Dios a qué atiende? ¿A la lengua o al corazón? ¡Claro! Se necesita espiritualidad, ¡un corazón abierto!, no una lengua instruida… 

Quien se ofende al oír una misa en un idioma distinto al suyo, está olvidando lo más importante de la misa… ¡Dios! Toda misa nos hace presente a Dios… ¡Estamos reunidos en nombre de Dios y Él acude! ¡¿Pero qué más queremos?!

Lo que tiene que entender es el corazón… Se dice tradicionalmente, “ir a escuchar misa”… Abramos los oídos del corazón… La misa no es para el “oreja”… Allí no hay “personas”, sino almas… Y si olvidamos todo lo demás y nos centramos en el Todo, de verdad os digo que las almas no necesitan nada más…

Autor: Francisco Javier R. S.

El Amor – Autor: Francisco Javier R. S.

Posted in Reflexiones - Autor: Francisco Javier R. S. on abril 11, 2009 by condiosdelante

El Amor

Conocer para amar… Amar para conocer…

 

¿Qué sucede con esto? ¿Se trata de un círculo sin fin? ¿De algo que no se puede superar? Quizás podríamos pensar que no se introduce nada nuevo; si conocemos para amar, cuando llegamos a ese punto, amamos para conocer y es como si siempre mantuviéramos el mismo impulso… siempre la misma energía… siempre la misma fuerza. Sería una pura rutina, pues no habría nada “emocionante” en amar; y el amor no traería la felicidad porque no tendría nada de donde extraerla.

¿Pero es el amor así?

No… Porque el amor no se encierra en un círculo, sino que se acoge a una forma espiral. Una espiral ascendente que siempre va buscando el infinito…

Así es el verdadero modelo de Amor… “Amaos como yo os he amado”… Un amor totalmente desinteresado, sin límite, sin final… Y así debemos amarnos, dejándonos llevar cogidos de las manos por esa espiral cuyo único final posible es el cielo…

Entonces el Amor cobra sentido. Conocer para amar y de repente tanto amor nos embriaga que amamos ciegamente para conocer más y más; ¿y después de esto? ¡Nada de vuelta a empezar! ¡Conocer más y más para inflarnos de amor y nunca parar ni terminar!

Y qué más prueba de la existencia de ese Amor que la Cruz de Su Pasión… 

Autor: Francisco Javier R. S.