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«Ámate a Ti Mismo» – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on abril 9, 2009 by condiosdelante

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IMPORTANTE: Libro completo de “Vive, ama, sé tu mismo” del Sacerdote José Luís Alonso, oar en:

http://dejarquediosseadios.blogspot.com/

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«Amate a Ti Mismo»

Es tu primera y principal tarea.
Es el corazón y el fundamento de toda tu existencia.
Es tu primer mandamiento. Lo ha grabado Dios mismo, en cada pliegue de tu personalidad.
Amarte a ti mismo es una necesidad tan esencial y apremiante como el aire para respirar.
Necesitas amarte,
– amarte de verdad,
– amarte apasionadamente,
– amarte siempre.
Amarte a ti mismo, es un requisito indispensable para poder ser, de verdad, tú mismo. Si no te amas a ti mismo, imposible que ames a alguien. Si no te amas a ti mismo, que eres lo más cercano ¿cómo vas a amar a los otros, que son lejanos?
Te amas cuando:
– piensas bien de ti mismo,
– hablas con dignidad,
– actúas con responsabilidad.
Te amas a ti mismo, si haces oración, trabajas amas a tu carne (a tu prójimo).
Amarte a ti mismo, significa:
– valorar a Dios como lo primero, lo más valioso y principal de toda tu vida.
– respetar tu propio cuerpo.
– reconocer que todo lo grande, bueno y bello que eres, es mérito de Dios.
Demuestras que te sabes amar a ti mismo, cuando:
– desarrollas todas las facetas de tu personalidad,
– luchas por el bienestar y salvación de tus hermanos (cercanos y lejanos),
– te esfuerzas por comprender y disculpar los defectos y debilidades de tu prójimo,
– elogias, con verdad y generosidad, todo lo bueno de todos.
Te amas bien a ti mismo, si vives bien (apoyado en Dios, “con los pies en el suelo y el corazón en el cielo”).
Al amarte a ti mismo, estás proclamando a todos, la gran verdad de tu vida: que eres fruto del amor de Dios y estás hecho a imagen y semejanza de Dios.
Al amarte a ti mismo, proclamas – a los cuatro vientos – que “Dios es amor”, que tu vida es amor, que te sientes muy amado por Dios y quieres amar a todos, cada vez más, cada día mejor.
Al amarte a ti mismo, estás iniciando la aventura más hermosa: aprender a amar, a parecerte, cada día, más y más, a Dios.
Porque te sientes muy amado por Dios, quieres amarte a ti mismo, para que, rebosante de ese amor, el amor fluya hacia los prójimos, se vaya agrandando y perfeccionando, envolviendo a todos y a todo, y termine en Dios, en quien ha comenzado.
Al amarte a ti mismo, tomas mayor conciencia de que “vives, te mueves y existes en Dios-amor” y necesitas sumergirte, más y más, en ese océano inmenso de amor, que es Dios.
¿Anhelas, apasionadamente, llenarte de amor? Me parece estupendo. Pero, que sea para amar – más y mejor – a todos, en especial, a los más “privilegiados”, a los que nadie ama ni toma en cuenta: a los más pequeños, pobres, enfermos y marginados.
Amarte a ti mismo, es todo lo contrario al egoísmo. Amarse a si mismo, es amarse bien.
El egoísmo es amarse mal.
El egoísta cree amarse, pero se engaña y a si mismo se daña.
El egoísta vive para si, cerrado dentro de sí, sin referencia alguna con Dios ni con el prójimo.
“Ámate a ti mismo”. Gózate de hacerlo programa de tu vida diaria. Vívelo, minuto a minuto. Ámate, con generosidad, con sencillez, con mucha alegría. Manifiesta a todos – con tu forma de ser – que sabes amarte, amando a Dios, sirviendo a todos, dando lo mejor de ti a todos.
Ámate a ti mismo, descubriendo tu riqueza interior, trabajando con entusiasmo, luchando por la construcción de un mundo mejor.
Ámate a ti mismo, leyendo y meditando, asiduamente, la Biblia, haciéndote amigo de los hombres y mujeres que temen a Dios: aficionándote a los santos, que fueron los que, más y mejor, supieron amarse y dejaron huella en el mundo.
Cuida mucho la pureza de tu corazón, empeñado en agradar – siempre y en todo – a Dios.
Selecciona, cuidadosamente, tus programas de tv, tu música, tus lecturas. Vive en contacto con la naturaleza. Observa a las personas, buscando siempre todo lo bueno y positivo, para elogiarlo y hacerlo tuyo.
Solidarízate, cuanto más puedas, con los que sufren, ayudando a cuantos más puedas, reservando – cada día – un tiempo para meditar y saborear las maravillas de Dios, dentro de ti.
Sé delicado, cuida los detalles, valor lo pequeño.
Tu manera de comportarte, ante Dios y ante los hombres, es el mejor y el más elocuente testimonio, de que te amas a ti mismo. Demuestra, entonces, que sabes amarte a ti mismo, que quieres amarte, cada vez mejor. Es el mejor homenaje que le puedes tributar a Dios, el mayor servicio que puedes prestar a la humanidad.

«Eres mucho mejor de lo que imaginas. ¡Valorízate!» – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on marzo 6, 2009 by condiosdelante

«Eres mucho mejor de lo que imaginas. ¡Valorízate!»

Eres lo mejor que ha salido de las manos de Dios.
Eres lo más querido de Dios.
Eres su hijo predilecto, un trozo de su corazón.
Has nacido de él.
Dios te valora, hasta un extremo increíble. Ha querido comprarte con la sangre preciosísima de Jesucristo.
Por eso, vales un precio divino. Dios te cotiza muy alto. Te valora al máximo.
Nada existe, en toda la creación, comparable a ti.
Nada existe, en todo el universo, mejor ni más valioso que tú.

Dios ha fijado sus ojos en tu persona. Te ha envuelto con su amor.
Te ha glorificado, engrandecido y divinizado en Jesucristo, haciéndote miembro de su Cuerpo (de su Iglesia) y templo vivo, morada santa de la Santísima Trinidad.
Te ha hecho ser lo más sublime y grandioso: presencia y prolongación de Cristo en el mundo.
Dios confía plenamente en ti y quiere que seas, con él, instrumento – consciente y activo – de su salvación, y, de esta manera, seas su colaborador, entusiasta y eficiente, en la construcción de un mundo más justo, más humano, más solidario.

Recuerda siempre:
Necesitas valorarte a ti mismo, tener conciencia – cada vez más clara – de tu valía humana y divina, para que puedas llegar a ser verdaderamente tú mismo y dar lo mejor de ti a los demás.

Dios ha depositado – en tus propias manos – la más hermosa y trascendental tarea: conocer, en profundidad, tu propia valía, desentrañar toda tu riqueza humana y divina, explotar, al máximo, esa mina – insondable y fabulosa – de cualidades y posibilidades, que eres tú.
Dios quiere que te realices, plena y verdaderamente, como persona.

Tú eres lo primero y más valioso de toda tu vida. Es Dios mismo quien te ha puesto esa prioridad, ese desafío: que te valores – de verdad, en profundidad – para que, así, puedas llegar a batir tu mejor récord, alcanzar tu propia plenitud personal. Estás llamado a ser la personalidad que Dios pensó y quiso. Dios quiere que te valores de verdad, que reconozcas, en su justa medida, tu sublime categoría divina, que estés siempre muy orgulloso de tu valía.
El primer y mejor admirador de ti, de tu valía, es Dios. Por eso, Dios espera de ti una muy grande valoración personal.

Piensa siempre, muy bien, de ti mismo. Tu forma de pensar, de hablar, de comportarte dejará, siempre, muy en alto, tu auto-valorización.
Jamás te comportes como masa, como un cualquiera, como uno del montón.
Eres único, irrepetible, inmensamente mejor de lo que puedas imaginar. Eres rey y señor. Por esta razón, concédete la más alta valoración: como persona, como cristiano, sea cual sea tu edad, sexo o situación social.

Tu mayor generosidad sea para apreciarte, para valorarte. Visualiza tu grandeza y nobleza, tus méritos, tus cualidades, todo lo bueno y positivo que eres y tienes, que desborda toda tu imaginación.

Colorea – con maestría – tu personalidad, cada pliegue de ese mundo maravilloso de cualidades, de riqueza humana y divina, que eres tú. No haces nada especial, si te valoras como Dios te valora. Valorízate siempre; valorízate cada vez más. Si los que están a tu alrededor no saben o no quieren valorarte tal como Dios te ha hecho, ¡déjalos! eso es problema suyo.

Dios cree en ti, en tus valores, en tus posibilidades. Desea, ardientemente, que llegues a ser, verdaderamente, tú mismo; que te valores, más y mejor, que te decidas a promover ese cúmulo de cualidades, a despertar recursos nuevos, tantas energías que hay dentro de ti.
Cuando te esfuerzas por sacarle el máximo partido a tu vida, a tus posibilidades, es cuando sabes agradecer a Dios todo lo que eres, tienes y vales. Cuanto más seas tú mismo, cuanto más perfecto, cuanto más te parezcas a Cristo, más orgulloso está Dios de ti. Dios crece en ti, cuando sabes valorarte y desarrollas tus cualidades. Por eso, no tienes más remedio que responder a la confianza que Dios ha depositado en tu persona.
Te honras cuando te valoras. Te valoras cuando vives con dignidad, empeñado en ser más persona, mejor cristiano.

Valorizándote, es como puedes conseguir tu verdadera estatura. Valorizándote, tal como Dios te valora, es como puedes alcanzar tu plenitud personal. Al valorarte como Dios te valora, descubres nuevas e inéditas facetas en tu personalidad, advirtiendo – con sorpresa y gozo – que crece la valorización de los otros, de tus hermanos, que son parte de tu vida, al igual que tú eres parte de ellos.

Por mucho que te valores a ti mismo, estás muy lejos de abarcar ese mundo maravilloso de Dios que eres tú, que existe dentro de ti. No te conformes con asomarte a esa mina de riqueza humana y divina que eres tú. Profundiza en tu valorización personal. Cuanto más te valores, mayores energías tendrás, más altas cimas de perfección personal lograrás.
Tu propia valorización es decisiva, no sólo para ti, sino para la humanidad. Tu auto-valorización tiene demasiada importancia en tu existencia personal, repercusiones insospechadas en muchas vidas, en los lugares y situaciones más inimaginables, para que no la tomes con la seriedad que se merece. Tal como tú te valores, así será tu vida, así influirás en las personas.

Tu felicidad será, siempre, saberte amado, valorado por Dios. Si Dios tiene un concepto tan elevado de ti, te valora al máximo, justo es que tú, también, te valores siempre como lo mejor y lo más hermoso de tu vida.

Eres diferente a Todos. Acéptate con Gozo – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on febrero 2, 2009 by condiosdelante

«Eres diferente a Todos. Acéptate con Gozo»

No eres tan perfecto como crees, ni tan malo como te imaginas. Eres muchísimo mejor de lo que te imaginas. Y más débil y pecador de lo que crees. Estás llamado a ser una persona realista, equilibrada. Por eso, es preciso que asumas los dos aspectos de tu existencia personal: la luz y la oscuridad, la grandeza y la pequeñez, la santidad y el pecado.
Lo mejor que puedes hacer en tu vida es, aceptarte tal como eres: lleno de cualidades (muchas, grandes y muy valiosas) y de debilidades y pecado.
No exageres ninguno de los dos aspectos. No aumentes uno de ellos, negando el otro. No eres ni ángel ni bestia. Ni oro puro, pero tampoco basura.
Esfuérzate en ser siempre justo en tu auto-apreciación. Sé equilibrado a la hora de analizarte.
Reconoce, con sencillez y gratitud, que Dios te ha colmado de cualidades y valores, y – por ser humano – tienes defectos y pecados.
Gozarás de buena salud, cuando asumas – con sinceridad y naturalidad – estas dos caras de tu existencia: las cualidades que Dios te ha regalado, y los pecados que tú cometes.
Te alegrarás tanto al agradecer a Dios por todo lo grande, bueno y bello que te ha hecho, como al confesar tus propios pecados.
Eres un destello de Dios en un puñadito de barro.
Por ser obra de Dios, eres bueno; por ser de barro, eres frágil y débil.
Saliste del corazón de Dios, agradécelo. Cuando caigas, cuando cometas algún pecado, no te rebeles. Suplica y pide que te alargue su mano misericordiosa, ya que nadie mejor que él para saber que eres de barro.
Necesitas empezar por aceptarte como eres, para que puedas llegar a ser lo que, todavía, no eres. Aceptándote tal como eres, demuestras que eres persona inteligente.
Dios quiere que vivas en la verdad. Ni más arriba, ni más abajo. Tu puesto, tu pedestal está en punto justo: aceptarte.
No te hinches por todo lo bueno que eres. Puedes explotar. No te deprimas por todo lo débil que eres. Puedes dañar seriamente tu salud.
Aceptándote tal como eres, puedes llegar a ser lo que Dios quiere que seas.
Nunca te aburras de ti mismo. Si Dios – con ser Dios – no se aburre jamás de ti ¿por qué vas a empeñarte tú en aburrirte de ti mismo?
No trates de compararte con nadie. Tú eres tú. Tú eres todo un universo de cualidades y posibilidades, que debes conocer, valorar y desarrollar.
Convéncete de que tú eres y tienes más que suficiente para ocuparte de ti mismo. Eres, también, un abanico – sorprendente y desconcertante – de debilidades, fallas y pecados, que has de aceptar y superar – poco a poco – con la ayuda de Dios, que siempre actúa a tu favor.
Ten paciencia infinita contigo mismo, recordando – continuamente – que Dios la tiene contigo.
Dios te tiene paciencia, para que tú la puedas tener contigo.
Te demuestra, sin cesar, grande y amorosa paciencia, porque sabe muy bien con qué material estás hecho; te conoce en profundidad y te ama de verdad.
Dios te recuerda la razón por la que tienes que aceptar con paciencia: o porque te amas o porque te quieres amar.
No te impacientes ni pierdas la calma, si no eres, todavía, tan bueno como quisieras.
Todo lo importante y decisivo de la vida, tarda en hacerse. No pretendas quemar etapas, anhelando volar cuando todavía no has aprendido a andar.
Confía en Dios, en ti mismo. Haz lo que puedas y pide a Dios lo que no puedas.
Así como te gozas de tus cualidades y virtudes, así, también – con idéntica alegría – aceptarás tus fallas, limitaciones y equivocaciones. Sólo así podrás crecer, llegar a conseguir tu propia estatura.
Empéñate en superarte, en alcanzar tu propia plenitud. Propóntelo, día tras día, con tesón y humildad. Poco a poco, sin forzar nada ni impacientarte, lo irás logrando. Dios no tiene prisa ¿por qué tenerla, tú?

«Eres diferente a Todos. Acéptate con Gozo» – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on febrero 2, 2009 by condiosdelante

«Eres diferente a Todos. Acéptate con Gozo»

No eres tan perfecto como crees, ni tan malo como te imaginas. Eres muchísimo mejor de lo que te imaginas. Y más débil y pecador de lo que crees. Estás llamado a ser una persona realista, equilibrada. Por eso, es preciso que asumas los dos aspectos de tu existencia personal: la luz y la oscuridad, la grandeza y la pequeñez, la santidad y el pecado.
Lo mejor que puedes hacer en tu vida es, aceptarte tal como eres: lleno de cualidades (muchas, grandes y muy valiosas) y de debilidades y pecado.
No exageres ninguno de los dos aspectos. No aumentes uno de ellos, negando el otro. No eres ni ángel ni bestia. Ni oro puro, pero tampoco basura.
Esfuérzate en ser siempre justo en tu auto-apreciación. Sé equilibrado a la hora de analizarte.
Reconoce, con sencillez y gratitud, que Dios te ha colmado de cualidades y valores, y – por ser humano – tienes defectos y pecados.
Gozarás de buena salud, cuando asumas – con sinceridad y naturalidad – estas dos caras de tu existencia: las cualidades que Dios te ha regalado, y los pecados que tú cometes.
Te alegrarás tanto al agradecer a Dios por todo lo grande, bueno y bello que te ha hecho, como al confesar tus propios pecados.
Eres un destello de Dios en un puñadito de barro.
Por ser obra de Dios, eres bueno; por ser de barro, eres frágil y débil.
Saliste del corazón de Dios, agradécelo. Cuando caigas, cuando cometas algún pecado, no te rebeles. Suplica y pide que te alargue su mano misericordiosa, ya que nadie mejor que él para saber que eres de barro.
Necesitas empezar por aceptarte como eres, para que puedas llegar a ser lo que, todavía, no eres. Aceptándote tal como eres, demuestras que eres persona inteligente.
Dios quiere que vivas en la verdad. Ni más arriba, ni más abajo. Tu puesto, tu pedestal está en punto justo: aceptarte.
No te hinches por todo lo bueno que eres. Puedes explotar. No te deprimas por todo lo débil que eres. Puedes dañar seriamente tu salud.
Aceptándote tal como eres, puedes llegar a ser lo que Dios quiere que seas.
Nunca te aburras de ti mismo. Si Dios – con ser Dios – no se aburre jamás de ti ¿por qué vas a empeñarte tú en aburrirte de ti mismo?
No trates de compararte con nadie. Tú eres tú. Tú eres todo un universo de cualidades y posibilidades, que debes conocer, valorar y desarrollar.
Convéncete de que tú eres y tienes más que suficiente para ocuparte de ti mismo. Eres, también, un abanico – sorprendente y desconcertante – de debilidades, fallas y pecados, que has de aceptar y superar – poco a poco – con la ayuda de Dios, que siempre actúa a tu favor.
Ten paciencia infinita contigo mismo, recordando – continuamente – que Dios la tiene contigo.
Dios te tiene paciencia, para que tú la puedas tener contigo.
Te demuestra, sin cesar, grande y amorosa paciencia, porque sabe muy bien con qué material estás hecho; te conoce en profundidad y te ama de verdad.
Dios te recuerda la razón por la que tienes que aceptar con paciencia: o porque te amas o porque te quieres amar.
No te impacientes ni pierdas la calma, si no eres, todavía, tan bueno como quisieras.
Todo lo importante y decisivo de la vida, tarda en hacerse. No pretendas quemar etapas, anhelando volar cuando todavía no has aprendido a andar.
Confía en Dios, en ti mismo. Haz lo que puedas y pide a Dios lo que no puedas.
Así como te gozas de tus cualidades y virtudes, así, también – con idéntica alegría – aceptarás tus fallas, limitaciones y equivocaciones. Sólo así podrás crecer, llegar a conseguir tu propia estatura.
Empéñate en superarte, en alcanzar tu propia plenitud. Propóntelo, día tras día, con tesón y humildad. Poco a poco, sin forzar nada ni impacientarte, lo irás logrando. Dios no tiene prisa ¿por qué tenerla, tú?

La verdadera sabiduría, conocerte a ti mismo. – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on enero 28, 2009 by condiosdelante

«La Verdadera Sabiduría:
Conocerte a ti mismo»

“Conoce a Dios, conócete a ti mismo”.
Si conoces a Dios, te conoces a ti mismo.
Conociéndote a ti mismo, te sumerges en Dios, profundizas en tu propio misterio, se ensanchan los horizontes de tu existencia, das sentido a tu propia vida.
No puedes olvidar nunca que “eres imagen y semejanza de Dios”. Estás “programado” para conocer a Dios.
Tu mayor desafío es conocerte. Ahí está el secreto de tu vida. Ahí está la clave de tu grandeza y felicidad. Ahora y eternamente.
Sin conocer a Dios, eres un jeroglífico indescifrable.
Sin conocer a Dios, no tienes razón de ser. Ni te puedes entender ni eres capaz de entender nada de ese “misterio profundo e insondable” que eres tú.
Tu clave es Dios.
Por eso, conoce a Dios, para que te puedas conocer a ti mismo. Cuanto más te conozcas, más conoces a Dios. Y cuanto más conoces ese mundo infinito e inabarcable que es Dios, más profundo y verdadero es tu conocimiento de ti mismo.
Por muy grande que sea tu conocimiento de Dios, siempre estarás asomado a ese abismo insondable que es Dios, pero habrás profundizado en el misterio de tu propio conocimiento.
Conócete de verdad,
Cada día más, cada vez mejor,
Conociendo “de corazón” a Dios.
Conoces a Dios, si tienes intimidad con él, si tienes experiencia personal de su amor.
Cuando conocemos “vivencialmente” a Dios, Dios tiene nombre para nosotros, y con él, descubrimos nuestro propio nombre.
Podemos – y debemos – conocer a Dios, porque es él el que primero nos conoce a nosotros, a cada uno en particular.
Para conocerte tú, de verdad, en profundidad, necesitas que él te regale un corazón nuevo.
No te olvides nunca que Dios tiene más empeño en regalarte ese corazón, que tú en pedírselo.
Al conocer, vivencialmente, a Dios, te conoces, profundamente, a ti mismo. Te sumerges en ese misterio, hondo y apasionante, que eres tú.
No te conformes con lo que crees que sabes de Dios, de ti mismo.
Estás llamado a especializarte en el conocimiento de Dios, de ti mismo.
Cuanto más conoces a Dios, más te falta por conocer de Dios. Por mucho que conozcas a Dios, estás todavía muy lejos de conocer a Dios.
Dios, es el primero, el más decidido a que te conozcas. Pídele, con humildad e insistencia, que te muestre su rostro, te descubra el misterio de tu personalidad.
Tu éxito, no te quepa la menor duda, está en orar, en orar sin desfallecer, como “mendigo de Dios”.

Autor: José Luís Alonso, oar

Alégrate de ser Tu mismo – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on enero 28, 2009 by condiosdelante

«Alegrate de ser Tu Mismo»

Si Dios te ha hecho original, tu vida tiene que ser personal.
Dios no quiere que seas copia de nadie.
Honras y glorificas de verdad a Dios, cuando te propones ser, de verdad, tú mismo.
El mayor bien que puedes hacer a la comunidad, es empeñarte en ser tú mismo.
Influyes decisivamente en las personas que están a tu lado, cuando tu vida se parece a la imagen original que Dios tiene de ti.
Eres un verdadero regalo de Dios para la humanidad, si vives tu propia realidad, si eres tú mismo.
Por eso, tu mayor gozo y tu principal preocupación ha de ser: reflejar, lo más nítidamente posible, a Dios, desde tu propia realidad personal.
Eres tú mismo, si te decides a parecerte, cada vez más, a quien el mismo Dios te asemejó: a Jesucristo.
Nadie hay como tú. Nadie tiene tus cualidades. Tú eres diferente a todos.
Alégrate, cada día más, de tu originalidad.
Tu idiosincrasia es propia y exclusiva.
Enorgullécete de ser tú, con todo tu bagaje personal.
Da continuas gracias a Dios, por ser diferente a todos.
Tus cualidades y tus pecados llevan una marca inconfundible.
Promueve tu idiosincrasia, tu forma original de ser, contra viento y marea.
Prefiere, mil veces, ser marginado por tu originalidad, que ser incluido en la vana y falsa gloria de la generalidad.
Siente el orgullo de ser distinto, de saber que Dios te ha creado original.
Demuestra que eres personal, que sabes alegrarte de ser tú mismo, actuando siempre con la verdad, movido por el amor.
Alégrate de ser tú mismo, comportándote con conciencia, con categoría, tal como Dios espera de ti.
No temas al qué dirán, a actuar contra corriente. Piensa, habla y actúa como Dios espera de ti. Aquí radica el secreto de tu originalidad, de tu felicidad.

El Amor, tu Corazón – Autor: José Luís Alonso, oar

Posted in ***** VIVE, AMA, SÉ TU MISMO - José Luis Alonso, oar on enero 23, 2009 by condiosdelante

«El Amor, tu Corazon»

La clave, el único camino, para entender y saborear que “Dios te ama”: es el Espíritu Santo.
La luz y la fuerza, para valorar y aceptar a Jesús en tu propia vida, es el Espíritu Santo.
Para conocer y profundizar en ese “misterio de amor” que eres tú, es imprescindible el Espíritu Santo.
Por esta razón, el Espíritu Santo ha de ser siempre como el alma y el corazón de tu existencia entera.
Si valoras, de verdad, al Espíritu Santo, el amor guiará siempre tu vida, y comprobarás, de muchas maneras, el poder de Dios, en tu existencia.
Para tener la verdadera sabiduría “conocer a Dios, conocerte a ti mismo”, es preciso, imprescindible, la presencia activa y continua del Espíritu Santo.
“El amor de Dios ha sido derramado en tu corazón, por el Espíritu Santo que se te ha dado”.
Eres, vales, puedes… por el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo te inunda, te envuelve y te guía siempre con su amor.
Te facilita el que puedas saborear el bien.
Te capacita para que hagas siempre el bien y lo hagas bien.
Te llena de amor, agrandando tu capacidad de recibir amor, de dar más amor a los demás.
Su amor te enseña a amar de verdad, a amar cada día más, de amar mejor.
Gracias al Espíritu Santo, tienes el tesoro más grande y más valioso, que no se puede comparar con nada: tu fe, la luz de Dios, la vida divina, la salvación de Jesucristo.
El Espíritu Santo es tu maestro interior.
Nadie como él para enseñarte a bucear en la inmensidad de Dios. Nadie como él para conocer le mundo maravilloso de cualidades, valores y posibilidades que existe dentro de ti.
El motor de tu vida está dentro de ti: es el Espíritu Santo. Te ilumina, te fortalece, te consuela, te acompaña, te santifica, te sana interiormente, te cristifica… descubriéndote los planes de amor que Dios tiene para ti, haciéndote entender que “Dios mismo lo dirige todo para tu bien”.
Para elevarte sobre ti mismo, para contemplar a Dios, para ser poseído por Dios y vivir en intimidad con él, necesitas continuamente del Espíritu Santo.
Todo lo harás con el Espíritu Santo. Nada harás sin el Espíritu Santo.